Itamaraty y la bossa nova

Octubre 31, 2009 por jaimeotero

Portada de All in one, próximo disco de Bebel Gilberto (febrero 2010)

Bebel Gilberto no tiene una voz excepcional ni compone canciones indiscutibles. En sus discos sobresalen las versiones de clásicos brasileños o de estándares del jazz. Tampoco tiene una belleza deslumbrante, ni es alta ni tiene buen tipo. Pero sobre el estrecho escenario de la sala Heineken (Madrid, martes 27 de octubre) consiguió enamorar al público con sus poses y mohines, su forma de moverse y la suave fusión que hace de música popular brasileña y electrónica.  Al menos, consiguió enamorarme a mí.

Bebel es depositaria de la legitimidad de uno de los pioneros de la bossa nova, Joao Gilberto, el bahiano que llegó a Río de Janeiro con 18 años y una obsesión: crear una nueva forma de tocar la guitarra y conseguir el sonido perfecto, sin estridencias ni reminiscencias del melodramático bolero o el exotismo algo impostado de Carmen Miranda. Ella es hija del matrimonio de Joao con Miucha, su segunda mujer después de Astrud Gilberto (quien triunfó cantando bossa nova en inglés con Stan Getz). Para ver a padre e hija cantando (deliciosamente) juntos: http://www.youtube.com/watch?v=0Hx21knmj7w.

Todo esto lo he aprendido en Bossa Nova: La historia y las historias (Turner, 2008), del periodista brasileño Ruy Castro (y de considerables dosis de bossa nova oída en mi iPod camino de la oficina). Los primeros acordes grabados de la bossa nova los tocó Gilberto acompañando a Elizete Cardoso -una diva de la ‘vieja guardia’- en Chega de saudade, un tema compuesto por Tom Jobim y Vinicius de Moraes, otros dos de los fundadores del movimiento. La ‘nueva maña’ nació en los barrios acomodados de Río de Janeiro, entre conciertos universitarios y clubs de fans de la música popular previa al rock: Frank Sinatra, Stan Kenton, Sara Vaughan…

La consolidación de la bossa nova ocurre cuando triunfa fuera de Brasil, en Europa y Estados Unidos. Las discográficas, los ojeadores extranjeros se hacen fácilmente con derechos de autor que luego dieron rendimientos millonarios. Los músicos estadounidenses van a Brasil y en las fiestas privadas, después de sus recitales, quedan pasmados por la calidad y la frescura de aquel brasilian jazz. Se organizan giras, grabaciones, un famoso concierto en el Carnegie Hall. El climax del éxito se produce cuando Sinatra, el ídolo de toda una generación, llama a Jobim para grabar juntos un disco memorable: http://www.youtube.com/watch?v=B2UYVvkpYRo&feature=related.

Además de poeta y bohemio, Vinicius de Moraes era diplomático. Por lo visto él tuvo algo que ver en que los servicios culturales de Itamaraty, el ministerio de relaciones exteriores brasileño, subvencionase el disco de Cardoso con la finalidad de promocionar la cultura brasileña en el exterior. También prestó Itamaraty ayudas a músicos para viajar a Estados Unidos. ¿No era la bossa nova una buena tarjeta de presentación para un país en proceso de modernización y mayores aspiraciones (el eterno país de futuro)? Ahora que Brasil parece que va en serio, merece la pena recordarlo. Y preguntarse con algo de masoquismo y melancolía (que no saudade): ¿ha dado España al mundo algo comparable a la bossa nova en originalidad y universalidad en los últimos 50 años?

Con la diplomacia cultural hemos topado de nuevo: esos fondos exiguos de los ministerios de asuntos exteriores para actividades culturales, tan denostados por frívolos o inservibles, obran prodigios de cuando en cuando.

271020091215 Bebel Gilberto

 

 

 

Imágenes: 1) Portada de All in one, próximo disco de Bebel Gilberto (febrero 2010). 2) Foto tomada en el concierto de Bebel Gilberto en la sala Heineken de Madrid, 27/10/2009, con un Nokia 5530.

Primicia

Octubre 25, 2009 por jaimeotero

Scoop¿Los británicos usan su ‘poderío’ donde otras naciones usan la ’fuerza’?

“ I have [a message to the English public]. It is this: Might must find a way. Not ‘Force’, remember; other nations use ‘force’; we Britons use ‘Might. ”

Me intriga el significado de estas frases de Evelyn Waugh en Scoop, su divertidísima novela sobre el periodismo. Se las dice Mr Baldwin, el misterioso capitalista que maneja hábilmente el golpe de Estado en un imaginario país africano con el resultado de que la Gran Bretaña mantiene su influencia en él, a William Boot, el redactor de columnas sobre la vida en el campo que por error es enviado como corresponsal al mismo país. ¿Sobre qué ironiza el gran ironizador Waugh? ¿Sobre la extraordinaria capacidad de los ingleses para el manejo de la comunicación pública, que hizo que su hegemonía mundial -heredada por los estadounidenses- resultase benévola e incluso deseable? ¿Sobre la carga de hipocresía que ello encierra? Al fin y al cabo, es preferible ejercer el dominio mediante la superioridad comercial y el control de las rutas marítimas que mediante la fuerza bruta. Mejor la hipocresía imperial que la barbarie y el conflicto permanente, cabría argumentar. Siempre que los negocios queden a salvo. Waugh no deja títere con cabeza. La elite londinense de damas influyentes y sus ambiciosos protegidos, de presuntuosos políticos y dueños de periódicos; los izquierdistas de salón que evitan ser corteses con el proletariado porque así se reafirma el capitalismo; los supuestos revolucionarios africanos… y sobre todo la profesión periodística y la forma de perseguir ‘primicias’, entre la casualidad y la falta de escrúpulos. Sólo se salvan la ingenuidad y la indiferencia por lo material de Boot y su familia de orgullosos propietarios rurales de noble y antigua estirpe en la que predominan los solterones excéntricos, incluido él mismo.

 

Imagen: portada de la edición de Scoop en Penguin Books (Londres, 2003) que he leído. En ella sólo he encontrado la procedencia de la foto: Hulton Archive http://tinyurl.com/ygrotob.

Obama y Jardiel Poncela

Octubre 15, 2009 por jaimeotero

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No me indigna el premio, sólo me parece una memez luterana. ¿Me libro de ser malo?

13/10/2009  – 11:23:50h. Qué alivio

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¡¡No, no se libra usted!! ¡¡Ese premio hay que aplaudirlo, por lo que pueda Él hacer en el futuro!!

13/10/2009  – 11:28:37h. librador

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Líbreme Vd al menos de ser facha o neocon. Me irrita sobremanera que se me peguen esas etiquetas.

13/10/2009  – 11:41:50h. Gracias!

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Quisiera hacerlo, amigo, pero no puedo. Si no aplaude usted el premio, al menos es neocon. No digo yo que facha. Lo siento.

13/10/2009  – 11:48:08h. librador

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¡Aplaúdolo entonces! Pero como se aplaude una pirueta infantil mal resuelta pero enternecedora. Todo con tal de no ser neocon.

13/10/2009  – 12:21:07h. Con se puede?

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¡¡No, no lo haga usted!! ¡¡Es peor que neocon!! ¡¡Mucho peor!!

13/10/2009  – 12:26:09h. librador

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¡Lo que Vd diga! (Mutis resignado)

13/10/2009  – 13:20:29h. Penitente
 
 

The Nobel Peace Prize MedalEl diálogo que reproduzco no es que tenga pretensiones jardelianas, pero la verdad es que me hizo gracia. Procede del “Participa” de El País, sección “Las frases de los lectores” / ”General”, donde suelo intervenir con distintos seudónimos. Es un foro con un límite de 200 caracteres por entrada. Un buen entrenamiento para el Twitter que vino después. Está moderado y por lo tanto no hay grandes salidas de tono. Predominan los comentarios políticos, sobre todo contra la derecha española aunque también hay críticas al gobierno socialista. Pero allí se habla también de lo humano y lo divino e incluso se encuentran frases realmente ingeniosas.

Prometo que somos dos los que hablamos, sin conocernos. Hay que agradecer al moderador del periódico que lo publicara casi en tiempo real. Espero que a mi corresponsal no le importe que lo reproduzca, puesto que es anónimo. Él firma siempre “librador”. Soy yo quien empieza el diálogo firmando “Qué alivio” y luego cambiando de firma. Hago alusión a una columna firmada un par de días antes por Lluís Bassets sobre la concesión al Presidente Obama del Nobel de la Paz (http://tinyurl.com/yjwnhdv).

El autor se va por la tangente, distrae la atención del desconcierto producido por el premio en las filas filo-obámicas por el procedimiento de cargar contra los anti-Obama: “Destaca, sin embargo, la lista de los indignados por el premio, mezclados enemigos y adversarios de todos los extremos, desde los talibanes y Hamás hasta los halcones israelíes, los amigos de Aznar y Bush, neocons, teocons y cons.” Las votaciones de los lectores en el propio El País (mayoritariamente en desacuerdo con el premio), los comentarios en las secciones de participación y las opiniones de los columnistas de izquierda, centro y derecha, en gran parte contrariados por el premio, contradicen esta afirmación. A pesar de todo, Bassets ha sentenciado: si el premio te indigna quedas estigmatizado con todas esas terribles etiquetas. Pero ¿y si no te indigna y simplemente te parece inane?

 

Imagen: Anverso de la medalla del Premio Nobel de la Paz http://nobelprize.org/nobel_prizes/peace/medal.html

The Storyteller

Diciembre 20, 2008 por jaimeotero
storyteller3Recibo reproches por exhibir en este blog una vida tan interesante. Esta cursiva, por cierto, me recuerda a las colecciones de Richard Crompton o Enid Blyton, donde se utilizaba para reflejar el énfasis en los diálogos juveniles: ¿habría cursivas con el mismo propósito en los originales en inglés? ¿es una particularidad de la manera inglesa de hablar el inglés?. Vaya, ahora que lo pienso el éxito mundial de Harry Potter tiene precedentes. Y de ingleses y su talento para la producción artística va esta entrada.

El caso es que mi vida es, well, very interesting. Cuando no sobrevuelo los Andes, estoy atravesando los suburbios de Cebú en jeepney o visito Los Pinos, la residencia del presidente de México. Por no hablar de Valladolid o Pamplona. Y entre viaje y viaje, cuando falta la acción, mi vida es todavía más interesante gracias a los libros, las películas o los discos.

Desde hace unos días no puedo dejar de escuchar “The storyteller”, de Ray Davis. Es la reedición (2006) de un disco de 1998 grabado en directo durante una gira. Era un espectáculo con un hilo argumental autobiográfico, que remite a unas memorias de la voz cantante de los Kinks publicadas en 1995 (X-ray). Alternando diálogos y canciones (la mayoría, versiones acústicas de clásicos del grupo), va hilando sus comienzos en la música, desde que su hermano David (quien tocaba la guitarra tal como hablaba) y él compran en la tienda de la esquina su “little green amp” hasta que graban “You really got me”, señalado por muchos como el origen del hard rock.

Hay diálogos muy divertidos, como el que cuenta la selección del batería del grupo, un muchacho muy formal y recomendable, como un boy scout. Pero ¿porqué se presentó a la prueba con el uniforme de boy scout? Al ver a los Davis vestidos de Carnaby St y melenas cardadas, Mike Willet quiere dejar algo claro antes de unirse al grupo: él tiene novia y es “straight”. Menos mal: en toda banda de rock, y especialmente a la batería, hace falta alguien con una clara imagen masculina.

Otro es el que describe a los agentes del grupo: Robert y Grenville, los fan-managers pijos e inexpertos, y Larry, who spoke in a slow, deliberate way. Es notable cómo se burla de ellos sin ser ofensivo, casi diría cariñosamente. Miguel de Avendaño, mago de los apellidos y las genealogías, me los encuentra rápidamente en internet. Sus nombres son reales pero ¿lo son los episodios? Da igual. El relato es verosímil y cuenta lo esencial, supongo. Poor Miguel: es inútil corresponder a su ayuda dejándole el disco porque no soporta esa música “que altera los nervios”. Ni siquiera aprecia una canción dedicada a la reina Victoria: “…form the West to the East, from the rich to the poor, Victoria loved them all…”

Quién fuera un contador de historias tan diestro como Ray Davis, que iba para director de teatro. En una noche de chimenea y risas, un buen amigo le cuenta un cuento que un vagabundo le contó y ahora él nos lo pasa a nosotros tal como lo oyó. Aunque nadie quería creerle, él jura que es verdad y le pide que la cuente a otra gente. Por la mañana su amigo se ha desvanecido ¿Fantasía o realidad? ¿Quién lo puede decir? Es una historia del siglo veinte. Yo, al menos, quiero creerle.

Lección útil para el tema de esta página: la educación artística es conveniente si se quiere que los “yacimientos de creatividad” sean productivos y que den frutos de calidad. Sin eso, no hay industria ni proyección cultural que valga.

 

Imagen: Portada de “The Storyteller” bajada de www.amazon.co.uk.

 

 

 

El catire

Noviembre 30, 2008 por jaimeotero

la-catira-4Me dicen los escasísimos seguidores de este blog que mis entradas son demasiado largas para el medio en el que están escritas y sus improbables destinatarios. He calculado que vienen rondando las 900 palabras. Vamos a probar a hacerlas de 500 como máximo. Me cuesta imaginar cómo podré resumir esta, que relata un ciclo de lecturas venezolanas.

Gregorio, un hombretón de ancho cráneo, rostro pálido y abundante pelo entrecanoso cortado a cepillo, confirma durante la cena, en San Rafael, que él para los venezolanos es un catire: el hombre de tez clara, a menudo rubio y de ojos claros. En femenino: la catira. Su mujer, Zoraida, no conoce la novela de ese título de Camilo José Cela. Ivanosca sí, claro: nunca la leyó pero la imagen que tiene de ella es nítidamente negativa. Tampoco Marina la leyó pero sabe situarla en el contexto de la presidencia de Marcos Pérez Jiménez.

Estas tres treintañeras afincadas en España recelan de las reacciones ante su procedencia venezolana, se ve que vacilan al confesarla. Será que aún colea el ”porqué no te callas”. Puede que hayan tenido que soportar algún comentario impertinente. Su percepción (con grados distintos de conocimiento) de la obra de Cela es significativa. O dejó mal recuerdo como novela venezolana fallida, o se asocia a un episodio no muy edificante de las relaciones hispano-venezolanas, o se ha olvidado por completo.

Todo empezó cuando le dieron un premio a Historia de un encargo: ‘La catira’ de Camilo José Cela. Literatura, ideología y diplomacia en tiempos de la Hispanidad”, un ensayo de Gustavo Guerrero, profesor venezolano que da clase en la Universidad de Amiens. Juro que no sabía, cuando me hice con el libro, que citaba en la bibliografía mi gran clásico De Bogotá a Rosario: la lengua española y la política regional de España hacia América Latina. Pero me hizo tanta ilusión encontrarme a pie de página que no puedo resistirme a compartirlo con mis dos o tres lectores.

El libro cuenta una historia apasionante de viajes, literatura y diplomacia. En el debe: cae en algunos tópicos al emitir juicios sobre regímenes de otros tiempos y sus intelectuales, como si necesitara justificarse por estudiar este tema, con personajes tan reaccionarios, y no otro. Hay también algunas afirmaciones tal vez no falsas pero incompletas: por ejemplo, no todo el discurso de la “subalternidad de la cultura latinoamericana” ni todas las retóricas hispanoamericanistas proceden de “las más agresivas derechas españolas de los años treinta”.

Conferenciante viajero por cuenta de lo que hoy llamaríamos la ’diplomacia cultural’ española, Cela recibe en Venezuela el encargo oficial de escribir un libro que, emulando a Brasil, país del futuro de Stephan Zweig (entre otros), promueva la imagen de Venezuela en el mundo y anime a colonos, turistas e inversores a acudir en gran número. Vamos, lo que hoy hacen las film commissions como la que hizo posible que Woody Allen filmara su Vicky Cristina Barcelona en la ciudad condal. 

La novela de Cela es un pastiche lingüístico que tuvo buenas críticas en España, pero amargas o burlonas en Venezuela, que enseguida se entreveraron con la oposición a la dictablanda de Pérez Jiménez y sus relaciones con el régimen de Franco: dos regímenes autoritarios que en los años 50 entraban en fase de optimismo desarrollista. Su supuesta transcripción fonética del habla llanera es penosa de leer. El esfuerzo filológico de Cela, su lista de venezolanismos, se vuelve inane con el tiempo.

(A este ciclo de lecturas, aunque no exactamente por venezolana, pertenece Tirano Banderas, de Valle Inclán: otro ejercicio de recreación del habla hispanoamericana pero de otra naturaleza, porque no pretende ser preciso ni exahustivo; allí hay giros y expresiones de toda América puestos con un ingenio extraordinario. Además de inaugurar el género de la novela de dictador, Valle Inclán hace un retrato cruel y esperpéntico del tirano prototípico y de los personajes que giran en torno a él: el consejero adulador, el gachupín avaricioso, el revolucionario de pacotilla, el diplomático con debilidades, etc.)

Pero el libro tiene el ritmo y la economía expresiva, la contundencia de los diálogos que se encuentra en las mejores novelas de Cela. Aquí y allá salta la chispa de ingenio, arrancando la sonrisa, la risa incluso. Las interpretaciones que recoge Guerrero, incluyendo las suyas, examinan la novela por todas partes y muchas aciertan, iluminando plenamente la obra, ayudando a entenderla y poniéndola en su sitio como encargo fallido. La más convincente es la del novelista venezolano Guillermo Meneses, que por ese entonces ocupa un puesto diplomático en Bruselas y que publica un artículo sobre La Catira en dos partes en El Universal de Caracas, en verano de 1955. Después de ironizar por algunas reacciones ofendidas a la novela de Cela (que tiene un personaje homosexual, por ejemplo), Meneses argumenta que, precisamente por llamar a las cosas por su nombre, por ser tan directo su lenguaje, La Catira no puede ser aceptada como una novela venezolana. En otras palabras, que Guerrero no usa, quizá porque como venezolano no es amigo de los enunciados directos (siguiendo el razonamiento de Meneses): Venezuela es entonces más conservadora artísticamente que España –al menos en lo que afecta a las formas y a las convenciones sociales–. Esta distancia cultural entre España y América se hace evidente, según Meneses y Guerrero, en la relación de los autores americanos con el lenguaje y su actitud ante la coexistencia de diferentes registros: culto, popular…. El problema literario de La Catira se resume en esta frase de Meneses: “…esa intención filológica destruye casi las más poderosas y limpias escenas de la novela”.

Es cierto, pero yo creo además que la intención artística de Cela fue genuina y que el menosprecio con que la trata Guerrero a veces es excesivo e injusto, y está influido por el contexto político. Tal vez pensaba Cela que con ese ejercicio enriquecía lo que quizá le pareció una trama en exceso folletinesca; quizá movido por el sentimiento de no merecer su novela, sin ese trabajo, el generoso contrato ofrecido por los venezolanos. En la trama, sencilla y  lineal, creo yo ver una novela, o mejor, una película del oeste: un relato épico al estilo de los de John Ford o William Wyler. El relato de los pioneros en los grandes espacios de América, que atan su destino a la tierra y forjan carácter inflexible, necesario para doblegar al adversario e imponerse a la naturaleza salvaje. Un cuadro épico con detalles de humor y humanidad, con personajes retratados con dos pinceladas estereotípicas como los irlandeses de John Ford.

dona_barbara_movie_posterCada uno lee sus libros con ojos distintos, a través de las lecturas e imágenes propias. Como novela, prefiero La Catira a Doña Bárbara, la novela clásica sobre el llano venezolano con cuyo autor, el que sería presidente Rómulo Gallegos, se medía o pretendía medirse Pérez Jiménez. Esta ha sido mi tercera lectura venezolana. Doña Bárbara es deudora de la novela decimonónica, aunque fue publicada en 1929. No tiene alardes de estilo ni retratos inolvidables ni originales soluciones narrativas, pero hay poéticas descripciones del llano y enérgicas escenas con personajes de rompe y rasga. Tiene la virtud de retratar -o intentar retratar- el alma de una nación y su principal batalla en ese momento a los ojos de su autor: la civilización contra la barbarie. No es una gran novela, pero es la novela venezolana más que ninguna otra. Una novela de ideas, que contrasta con la de Cela por su decidida toma de partido: “lo que en Gallegos es denuncia, en Cela aparece como una prueba objetiva” dice Manuel G. Cerezales en Informaciones, en una de las pocas reseñas negativamente críticas que aparecieron en España. Yo añadiría que las condiciones de vida en el llano, el estado de naturaleza que simbolizan son, más que retratadas objetivamente, admiradas secretamente por Cela, quien por cierto planeaba más novelas sobre distintas regiones de Venezuela como se sabe por la correspondencia con sus mecenas venezolanos.

Después de Doña Bárbara no tuve más remedio que leer Las lanzas coloradas (1931), primera novela de Arturo Uslar Pietri, que andaba por casa: un arranque prometedor pero en balance un relato previsible, reiterativo y algo inexperto. Otro autor metido en política, otra obra llena de ideas políticas como la de Gallegos (pero no la de Cela), en este caso aplicadas a la guerra de independencia: españoles, criollos, revolucionarios y esclavos. Destellos de vigor estilístico. La colección Catorce cuentos venezolanos, del mismo autor, que también está en casa (aquél era de la biblioteca de Isabel, éste de la mía) es irregular pero se advierte un mayor dominio narrativo. Lástima que la edición (Revista de Occidente, 1969) no indique la fecha de cada cuento.

Ante las protestas de Ivanosca por esta selección que a sus ojos no hace justicia a la literatua venezolana, anoto su última recomendación: Francisco Herrera Luque (Caracas 1927-1991) tiene, me dice, interesantes ensayos y novelas históricas, como Boves, el Urogallo: muy recomendables “ahora que estamos de Bicentenarios”. Puede, por tanto, que este ciclo de lecturas venezolanas no acabe aquí…

hyde-white ¿Lo ven? Al final, he superado de lejos las 500 palabras. Y aún se me ocurre un colofón, ahora que después de varias semanas termino esta entrada, ya que hablamos de diplomacia cultural. Anoche veo en la tele, después de muchos años, El tercer hombre de Carol Reed. La experiencia de la vida hace ver cosas que otrora pasaron inadvertidas. Un encantador Wilfred Hyde-White encuentra al ingenuo Joseph Cotten cuando la policía militar británica lo quiere despachar de Viena. Al enterarse de que es escritor, aunque de novelas baratas y apenas conocido –solo el sargento Paine (Bernard Lee), inseparable acompañante del mayor Calloway (Trevor Howard), ha leído alguna de sus novelas–, Crabbin (Hyde-White) lo ficha rápidamente para una conferencia dentro del programa de “propaganda por medio de actividades culturales”. La secuencia de la conferencia es memorable: el público vienés va desertando a medida que comprueba que Holly Martins (J. Cotten) no tiene opinión sobre el malestar existencial, no sabe quién es James Joyce y confiesa sin pudor que su principal influencia literaria es Zane Grey, ante la desesperación de Crabbin.

Una mirada irónica sobre la diplomacia cultural de posguerra sobre la que tanta tinta sesuda ha corrido.

 

Imágenes: 1) Portada de la edición de La Catira, 1955, Editorial NOGUER, Barcelona 1955. Con dibujos de Ricardo Arenys, un gran ilustrador con afición por los caballos; encontrada en eBay. 2) María Félix en el póster de Doña Bárbara (1943), largometraje de Fernando de Fuentes, encontrado en Google Imágenes. 3) Retrato de Wilfred Hyde-White, el optimista diplomático cultural de El tercer hombre, encontrado en www.fancast.com a través de Google Imágenes.

La lección de asante

Octubre 22, 2008 por jaimeotero

Domingo 19 de octubre. Volvemos del cine con los niños. Tropic Thunder es una tontería con alguna gracia. El verano se alarga en Madrid. Las noches son todavía templadas y la gente se queda en la calle hasta tarde. En la sierra ha llovido todo el fin de semana, a ratos con furia, a ratos en forma de sirimiri. Hay niebla en el Alto de los Leones. En la vertiente segoviana, la tierra huele a húmedo. A la puerta de la residencia, armados con cestas de mimbre y chubasqueros de circunstancia, forman los buscadores de setas para salir de expedición.

La Casona del Pinar no puede ocultar que perteneció a Educación y Descanso -la obra cultural y recreativa de los sindicatos franquistas-. El recinto, en una ladera umbría de San Rafael, está limpio y bien cuidado. Hay otros grupos de huéspedes, la mayoría compuestos por parejas de cierta edad, y algunos viajeros sueltos, como ese matrimonio argentino con tres hijos rubios y espigados, dos chicos y una niña más pequeña que engañan al aburrimiento con juegos privados, ausentes del mundo. Y estamos nosotros, unos cuarenta voluntarios reclutados por la Universidad Popular de Leganés para preparar clases de español para extranjeros y clases de alfabetización de adultos. En el primer grupo, la mayoría son maestras jubiladas o amas de casa con tiempo libre. Otros son estudiantes o jóvenes que llevan poco tiempo trabajando. Los menos somos varones de mediana edad que hasta ahora no sabíamos cómo ayudar. Las clases de español parecen algo asequible y relativamente aséptico. Hay esa sensación de que cualquier hablante puede enseñar su lengua.

Como nos explica un monitor, la idea de las Universidades populares surge de la izquierda con objetivos recreativos y de educación de adultos, aunque se después han mantenido bajo administraciones de todo signo político. Las importó Ignacio Sotelo de Alemania (recuerdo para mí las holandesas, que hacían feroz competencia al Instituto Cervantes con clases baratas de español). Otro monitor, no obstante, alude a la falta de “esperanza” para la institución bajo el gobierno conservador. Una voluntaria responde detallando lo que hace la Comunidad de Madrid en materia de integración de inmigrantes y en particular sobre el aprendizaje de la lengua: no todo, por tanto, es “desesperanza”. “Cada uno tiene su modelo social”, termina el monitor; “nosotros preferimos este”.

No hay más política durante el fin de semana. Pero a medida que se crea confianza, en las conversaciones aparecen los matices sobre los inmigrantes y su integración. Hay unanimidad mientras la cuestión no sale de las mujeres marroquíes. Luego se ve que no toda la preocupación por la integración de los extranjeros es bienpensante o surge de la compasión. Tampoco hay una idea clara del modelo multicultural, intercultural o  pluricultural que se persigue, ni de cuáles son los medios más eficaces para alcanzarlo. Aquí estamos para ayudar a los inmigrantes a aprender la lengua, que tan necesaria les resulta para encontrar trabajo, para desenvolverse en España. Pero está claro que hay algo más. Se trata de educar “en valores” y se piensa en las comunidades a las que más cuesta integrarse culturalmente. Alguien dice, durante el simulacro de preparación de una clase: esta discusión es una réplica de la de educación para la ciudadanía; ¿ha de ser transversal y más o menos invisible o debe hacerse explícita y doctrinal con el riesgo de ahuyentar a sus destinatarios?.

En el fondo, da igual. A la hora de la aplicación práctica, hay poco margen de acción y se hace lo que se puede, que siempre se parece mucho lo haga quien lo haga. Lo importante es la conciencia de que hay un problema, una necesidad, y esa es común. Dominan los buenos sentimientos y las ganas de ayudar, de sentirse bien ayudando. Se habla de dar y de que es más importante recibir; no de exigir nada a cambio ni de las obligaciones del destinatario de la ayuda. Se confiesa que bajo todo impulso altruista se esconde algún egoísmo, algún interés personal; no importa reconocerlo. Es como si, reconociéndolo, fuera más limpio nuestro paso al frente. ¿No es todo esto característico de España? ¿Dónde si no se podría haber sacado la foto del joven guardia civil abrazando con una manta al africano aterido, en una playa de Canarias? ¿Será este método intuitivo, inutilitario, antipuritano, el más eficaz? ¿O nos pondrá al final del día entre la espada y la pared?

Las sesiones de formación son básicas, aceleradas. Parecen destinadas más a mentalizar a los voluntarios de lo que se van a encontrar (sin duda muchos ni lo imaginamos) que a dar una formación específica en enseñanza de español lengua extranjera (lo que sería imposible en tan poco tiempo y con objetivos tan dispares). Datos sobre la inmigración en Leganés, que con su 13,9 por ciento está ligeramente por debajo de la media madrileña. Mayoría de sudamericanos, marroquíes y europeos del este. Un ingeniero social no hubiera proyectado mejor distribución para diluir el predominio de un grupo dado. De todas maneras, no se evita el efecto de compartimentación a pequeña escala. Las diferentes comunidades no se mezclan entre sí, no juegan al fútbol juntas ni obligadas por el Ayuntamiento.

La sesión sobre materiales para la clase es casi contraproducente: ¿dónde elegir entre tanta variedad? ¿No sería mejor utilizar todos el mismo método? En cambio, las experiencias de los monitores de años pasados ayudan mucho a imaginar la tarea que nos espera. Ladys enseña sus diapositivas, que elaboró para las clases a mujeres marroquíes: mucho trabajo que pone generosamente a disposición de todos. También es útil el trabajo de preparación de unidades didácticas para clases de distintos niveles, que hacemos por grupos, ayudados por un veterano. Pero sin duda lo que más contribuye a ponernos en situación es la lección de asante.

Asante, llama Adams a esta lengua africana, el dialecto más hablado por los akan, etnia dominante en Ghana. Durante 20 desasosegantes minutos nos piden que adoptemos el rol de alumnos en una clase de asante para absolute beginners. El profesor sólo se expresa en esa lengua. No entendemos nada. Dice frases y nos hace gestos para que repitamos o contestemos. Esfuerzo, impotencia, risas nerviosas, bromas de escape. No aprendemos nada de asante, pero sí a imaginarnos cómo se sienten los principiantes cuando no saben nada de una lengua. Nos da una pista sobre lo que hay que hacer, o mejor, lo que no hay que hacer si quieres que los alumnos vuelvan al día siguiente.

Al día siguiente.

 

Imágenes: mapa lingüístico de Ghana de www.ethnologue.com, y foto de Adams por el autor con un Nokia 6151.

Isla Negra

Octubre 12, 2008 por jaimeotero

Para la entrada de esta semana doy un salto atrás, hasta otro domingo de mediados de septiembre. En viaje de trabajo por Chile, visito con Carlos y Gustavo la Isla Negra. Allí, no lejos de Santiago, se encuentra la casa de Pablo Neruda, junto al mar. Es la casa de un personaje excéntrico, algo daliniano en sus gustos (el surrealismo de las vanguardias que compartieron): colecciones marineras como mascarones de proa o barcos en botella, bastones raros, toda clase de bibelots. Construida por fases, la casa tiene elementos originales de la imaginación del artista: un suelo de conchas, una pared de piedras preciosas, la habitación de trabajo con forma de vagón de tren. Un sonriente joven nos enseña todo esto, y nos cuenta las costumbres del poeta: la huella de sus esposas en la casa, la mesa de trabajo, el vestidor donde cuelga el frac con que recibió el premio Nobel, las visitas de sus amigos, la tumba de matrimonio frente al mar. En este día fresco y húmedo, con el mar espumoso y el decorado ballenero, aquel lugar remoto pero turístico parece un escenario de Poe o de Melville.

Almorzamos en Valparaíso, en un restaurante arriba de las colinas con vista panorámica sobre la bahía y la playa. El mar es un espejo en este día radiante. Alrededor del embarcadero donde nadan los pelícanos hay gente volando cometas. Las aguas del Pacífico, dicen, son aquí muy frías y la temperatura en estos primeros días de primavera no invita todavía al baño. Movimiento de barcos. Un buque sale a toda máquina ¿hacia el norte? No: de repente vira hacia el sur. Hacemos cábalas sobre su destino y cargamento. Mientras, damos cuenta de los pisco sour, el ceviche, el pescado (yo tomo atún) y un buen vino chileno.

El coche nos lleva entre los edificios desconchados del barrio del puerto, encajonado entre colinas abigarradas de barrios y calles empinadas. Capitanías, lonjas, autoridades portuarias. Grandes acumulaciones de contenedores. Buques de la Armada. Subimos en ascensor a un pequeño mercado de artesanía. Caminando hacia la iglesia, nos cruzamos con muchachos y muchachas uniformados que parecen venir de su ensayo para la fiesta patria del miércoles siguiente: ‘dieciocheando’, pues. Luego pasamos por el centro de Viña del Mar, un lugar turístico y más aseado que Valparaíso, con hoteles internacionales, paseo marítimo y el Casino.

Volvemos a Santiago, donde el lunes y el martes tenemos nuestras entrevistas. En un pequeño restaurante, entre una y otra cita, nos encontramos con Jorge Edwards ¡Qué casualidad! Menciono a Edwards en otra entrada de este blog con admiración sincera. Lo conocí en Utrecht cuando hicimos aquel ciclo sobre literatura chilena con la Embajada, y luego lo invitamos a Covarrubias. Me presento, presento a Gustavo y a Carlos, nos presenta a sus acompañantes: “unos jóvenes escritores”. Ríen los dos maduros y reímos nosotros: “para mí son jóvenes”, se defiende Edwards.

Nuestro hotel está revolucionado: para la cumbre de urgencia de Unasur se aloja aquí, entre otros mandatarios, Hugo Chávez con su numeroso séquito. Corpulentos agentes de paisano, pelo corto y pinganillo en la oreja, repartidos por los pisos. El lunes, el Palacio de la Moneda está cerrado a las visitas. En la prensa, la presidenta Bachelet muestra a sus invitados la nueva habitación que recrea el despacho de Salvador Allende. La cumbre es un éxito diplomático para Chile: la declaración respalda al presidente Morales frente a las provincias pero evita censurar a los Estados Unidos. Es la mano discreta de Brasil, que parece dispuesto a asumir poco a poco el liderazgo regional que tanto se le ha reclamado.

Terminada la cumbre, vuelve la calma al hotel. A la retirada de los líderes sigue la retirada de los símbolos. Un retrato de Bolívar cruza el lobby para ser devuelto a la Embajada de Venezuela. También nosotros nos vamos. El paso de los Andes es emocionante. Las cumbres hacen cosquillas en el vientre del avión. Mi compañera de asiento, mexicana de apellido vasco (si lees este blog por favor escríbeme) recuerda a los conquistadores españoles, que cruzaron estas cumbres en mula y a pie. Ella también empieza su pequeña aventura: se instala en Córdoba para dar clases de filosofía en la Universidad. Rechazados en la aduana argentina sus gatos por motivos sanitarios, ha tenido que volver a Santiago, donde un veterinario ha certificado a los animales. Después de muchas horas en el aeropuerto de Santiago, se dirige en un nuevo intento a Buenos Aires. Comprobamos las exigencias argentinas en tierra e incluso antes, en la cabina. Bromeamos: estos argentinos ¿siempre fumigan a los chilenos? Por la cinta de equipajes salen los gatos tan tranquilos en sus jaulas.

Es mi segunda visita a Buenos Aires y, como en la primera, me cuesta conquistarla. O le cuesta a la ciudad conquistarme. Quizá son su rapidez y dureza, propias de algunas grandes metrópolis. Pero enseguida nos hacemos al ritmo. En el asador nos dan una carne y unas empanadas excelentes, regadas por un Malbec Doña Paula. Las entrevistas, la conferencia de Gustavo y el resto del programa previsto salen bien. Al día siguiente, almuerzo con Lía. Después terminamos las entrevistas pendientes. Por la noche, una milanesa en La biela, el histórico café de la Recoleta. Cada butaca tiene una, troquelada en el respaldo.

El viernes salimos al mediodía para Madrid. En el viaje tengo suerte otra vez, para envidia de mis compañeros de viaje. Esta vez es una argentina tres cuartos irlandesa (su pelo rojo y sus pecas no dejan lugar a dudas), que viaja a Bruselas para reunirse con su novio, ejecutivo de la cervecera que, entre otras, posee las marcas Budweiser y Quilmes (escríbeme si lees esta entrada).

 Llegamos de madrugada a Madrid. Me deslizo en la cama y duermo profundamente: en el avión no pude. Isabel me despierta a la una de la tarde. Es ya, casi, otro domingo.

 

 Fotos: Valparaíso desde el ascensor (fotografía del autor con un Nokia 6151), y Jorge Edwards en Utrecht, con Germán Gullón (fotografía de Luis, David o Itziar).

Diplomacia cultural virtual

Octubre 8, 2008 por jaimeotero

La web en sí puede considerarse una herramienta de diplomacia pública, es decir, un medio que sirve a los Estados para proyectar su influencia sobre el público y los dirigentes de otros países, sobre la opinión pública internacional.

Desde un punto de vista, Internet es un medio neutro por el que discurren todas las ideologías políticas, todos los valores éticos, todas las tendencias culturales que compiten en el mercado mundial de las ideas. Conservadores y progresistas, pro-occidentales o anti-imperialistas, relativistas y universalistas, multiculturalistas y etnocentristas. Halcones y palomas, librepensadores y beatos, la orquesta sinfónica y el tam tam. Todo cabe en Intermet, incluidas manifestaciones tan poco edificantes como el racismo, la apología del terrorismo, la pornografía infantil o la difamación. Cada cual lo usa como quiere, para vender lo que le parece oportuno, para difundir sus ideas o sus productos, o ambos a la vez. Es así como los Estados lo usan crecientemente, como antes usaron otros medios, para sus fines de política exterior.

Pero es evidente que, más allá de sus usos concretos, Internet constituye por sí mismo un potente agente de cambio social, como lo son desde hace más tiempo la radio, el cinematógrafo y la televisión. Visto desde esta perspectiva, Internet es un poderoso instrumento de difusión de ideas y valores nacidos en Occidente y hoy universales: derechos fundamentales, libertad de expresión, participación política. No es extraño que los Estados Unidos, el país donde nació y se desarrolló, haya fomentado su libre expansión sin barreras ni cortapisas, a costa de no pocos abusos y actos delictivos. El simple hecho de su existencia; el acceso libre, barato y universal, la inmediatez y la riqueza de sus contenidos, ha puesto al alcance de millones la información y el conocimiento, y con ellos la libertad de debate. La mejor prueba de la fuerza democratizadora de Internet es que los regímenes más autoritarios, que se sostienen desde hace décadas gracias a la ignorancia y la falta de información de sus ciudadanos, se han apresurado a someterlo a estricto control en cuanto han podido hacerlo.

En esta página encontrarán los usuarios documentos y entradas relativas a la dimensión diplomática de la web, en los dos aspectos mencionados. Por una parte, reflexiones sobre la web como agente de cambio social, diseminador de los valores universales de la libertad, la crítica y el debate. Por otra parte, noticias y comentarios sobre casos concretos, cada vez más frecuentes, de uso de la web como un medio más de la diplomacia pública de los Estados.

El petróleo de la Red

Octubre 8, 2008 por Isabel Fernández Peñuelas

El auténtico poder económico de la Red no está -contrariamente a lo que pueda parecer- en el Marketing Online; ni en ser un terreno de investigación privilegiado para conocer los gustos de los consumidores; ni en los nuevos negocios nacidos en torno a las redes sociales. El verdadero poder está en las PERSONAS.

Un buen surfista puede anticiparse en el conocimiento de los gustos de su futuro cliente; de los puntos débiles de los que serán sus adversarios en una próxima reunión de negocios; o imaginar las preguntas con las que suspuestamente habría de sorprenderle el periodista al que ha de enfrentarse, leyendo lo que dicen; lo que publican, y sobretodo averigüando con quien se relacionan aquellos a quien que investiga.

Lejos de consdierarse una violación de la intimidad, casí empieza a ser poco profesional e irresponsable acudir a una reunión sin haber investigado previamente actuaciones, publicaciones o interéses de los asistentes.

En el arte de ocultarse ó presentarse se juegan hoy gran parte de las batallas y carreras empresariales. Dominar la red con las herramientas que la tecnología ofrece, con la flexibilidad mental de un adolescente, o dejarse arrastrar por la corriente es la elección a la cada día nos enfrentamos muchos ó todos.

Pretexto Covarrubias

Octubre 6, 2008 por jaimeotero

Ayer fue domingo. Viajé en automóvil de Covarrubias a Ugena. Me acompañaba Isabel. Habíamos pasado el fin de semana en un encuentro donde se habló de internet y periodismo, internet y literatura. El valle del Arlanza es hermoso a más no poder. Ahora que empieza el otoño, amarillean y enrojecen los árboles. Las colinas coloradas, los desfiladeros, las crestas de piedra. El campo algo descuidado por la despoblación conserva su vigorosa, todavía domesticada belleza.

En Covarrubias se alza el torreón de Fernán González, primer conde (documentado) de Castilla. Imponente mole de piedra asaltada por veloces flechas de hiedra. En la Colegiata están sus restos y también los de Cristina, la princesa noruega casada con un hijo de Fernando el Santo.

Al pie del torreón una carpa, y en la carpa cuenta un cuento Marta Rivera de la Cruz, presentada por el Marqués de Tamarón. Una carta mata al protagonista, como predice una niña al principio del cuento, pero no será la de negocios que le provoque un ataque al corazón como teme su esposa, ni la de amor que ésta misma descubre, sino un naipe. Un cuento, para gusto de algunos de los asistentes, con aire decimonónico (¿Emilia Pardo Bazán, gallega como la autora?) pero con anacronismos. Pero, se defiende la autora, no era su intención hacer un cuento naturalista o situarlo en tiempo o lugar determinados.

El cuento gusta. Gusta que te cuenten un cuento, y en Covarrubias ya nos han contado tres: el primer año, Luis Mateo Díez, sobre un episodio de su infancia, y una suave lluvia rumoreaba sobre la lona de la carpa creando la atmósfera propicia para que el cuento transportara a los oyentes; el segundo, Ángela Vallvey, sobre una velada elegante con fin paradójico.

A los postres de la cena, Isidro Aguilló, muy breve y por tanto dos veces bueno, diagnostica el estado de la ciencia y la cultura hispanas en internet: la brecha digital con el mundo del inglés crece y urge ponerse a trabajar para reducirla. El título de su intervención incluye la palabra colonialismo; es una concesión al tópico, pero es cierto que enseguida matiza: es un ‘colonialismo’ consentido por los colonizados, o sea, los que no somos anglosajones. Esto se parece más a la realidad y, sobre todo, evita caer en la autocomplacencia del echarle la culpa a los demás de todo lo que hacemos y dejamos de hacer.

Por la mañana presentamos el libro Hermógenes y yo. Nos repartimos el trabajo: a mí me toca hacer los cumplidos de rigor. Después de una demostración corta e intensa de Ismael Nafría y José Cerezo sobre la web 2.0 y sus repercusiones sociales, Hermógenes resume algunos de los ensayos y hace hablar a los autores con preguntas. Responde Juan Romero sobre traducción automática y Carmen Galán sobre el lenguaje de los SMS. José Ignacio Pérez Pascual, sobre la edición de textos: un tema crucial en el que estamos en mantillas con contadas excepciones. Otros autores no esperan a ser preguntados: Joaquín Rodríguez, Chimo Soler, Txetxu Barandiarán. Alvaro Gil Nagel también interviene. El debate gira en torno a la propiedad intelectual.

El plato fuerte viene a continuación. El primer año, José Manuel Blecua conversó con Jorge Edwards:  estuvieron sencillamente perfectos. En el segundo, Blecua repitió en el mano a mano con Vargas Llosa, que también hipnotizó a la audiencia con el viaje de sí mismo: de Arequipa al mundo, de lo local a lo universal: una metáfora del viaje de la cultura. No funcionó tan bien el triángulo con Enrique Iglesias, un hombre de gran talento que en esa figura geométrica se encontraba algo desangulado. Este año, Lorenzo Silva y Alberto Vázquez Figueroa tienen menos fama pero no defraudaron. Silva se lo sabe muy bien y lo articula mejor. Vázquez divirtió con sus aventuras y las historias del coltán. Ambos dicen haber sacado buen provecho de internet, al que se han lanzado asegurando que pierden poco dinero y ganan en la relación con los autores. ¿Y en promoción, se puede medir cuánto han ganado?

Nos llevan a comer a Caleruega: otra ciudad remota, increíblemente bella y ordenada, orgullosa de conventos, iglesias y palacios monumentales. En el monasterio de las dominicas, de donde procede la pila en la que se bautiza a los infantes de España, celebramos la sesión de tarde: un panel sobre el futuro de la información en internet. Presenta el director del Diario de Burgos, que lo hace con gracia y agilidad. Ramón Salaverría, de la Universidad de Navarra, es el más serio y circunspecto: independencia y saber estructurado. José María Lancho es un abogado que reivindica el respeto al derecho. Y tres responsables de proyectos originales de periodismo en internet que no surgen de medios preexistentes en papel: Carmelo Jordá de Libertad Digital, Consuelo Álvarez de Toledo de Infolatam y Gumersindo Lafuente de soitu.com, que utiliza un cuento sobre un niño de dos cabezas para ilustrar lo importante del rigor en el tratamiento de las fuentes del periodista.

La vuelta a Covarrubias, cuarenta minutos en autobús, es espectacular: horizonte oro y púrpura, campos oscuros. En la plaza de doña Urraca, frente al hotel, hay concierto al llegar. Un grupo de rock celta, con gaitera y todo, que se anuncia como el nuevo proyecto del fundador de Celtas Cortos. Suenan bien y muy entonados con el entorno. En el Torreón, un espectáculo de música electrónica (¿no va esto de ordenadores?) e imágenes programadas. Dos jóvenes ¿músicos?, ella para las imágenes abstractas, él con un teclado, al mando de sendos portátiles. En la carpa, los habitantes de Covarrubias que esperan pacientes y abrigados a que termine este insólito espectáculo, terminado el cual se sirve el refrigerio.

Muy grato fin de fiesta con Arantxa, Isabel, Santiago, Javier y Chimo en una tasca de la plaza. Bebemos vino y picamos tortilla, jamón, queso y cacahuetes. Hablamos de las memorias de Rose Kennedy, la embajada de los Estados Unidos en Londres, la princesa noruega, los necesarios polos de innovación y desarrollo en el levante mediterráneo. Por la mañana, otra vez la conversación en el desayuno: el coltán, las aventuras del duque anglo irlandés ¿cómo era su gracia?, Steiner y la literatura gallega.

De Covarrubias a Ugena son dos horas y media por carretera. Qué distinta es Castilla la Nueva. Al atravesar Illescas y Ugena, ya al sur de Madrid, son de ver las colonias de chalés nuevos, las naves de carpintería, azulejos o cerrajería, las plazas recién pavimentadas: una prosperidad reciente alimentada por el auge de la construcción, lejana del orden antiguo e inmóvil de los recios pueblos del norte ¿Todo parado ahora por la crisis?

Llegamos tarde a la reunión de padres, que están ya dentro del barracón. Jaime y Pedro se levantan como resortes del montón en el que yacen con otros adolescentes bajo un acebuche (otros montones de niños están esparcidos por el gran patio que hay entre barracones). Quieren impedir que nos acerquemos y entablemos relación con los otros niños, que de todas maneras nos ignoran. A pesar de todo, creo que se alegran de vernos. La comida, cuartelaria, es agradable, con otros padres a quienes conocemos a medias. Soledad ya sabe que hemos estado con Alvaro en Covarrubias.

Volvemos a Madrid. Los niños han preferido volver en el bus, para apurar al máximo la compañía de los amigos. Es domingo a la tarde, todo empuja y resbala hacia el lunes. Dormimos en el sofá al llegar a Madrid. Llegan los niños. Anochece. Deberes escolares. Sacos de dormir tendidos. Ropa sucia y apelmazada de la mochila a la cesta. Ducha. Cena. El recuerdo somnoliento de la vuelta de los campamentos en viejos, lejanos domingos.

Fotos: Claustro del Monasterio de las Dominicas en Caleruega y paisaje del valle del Arlanza al atardecer, desde el bus. Las fotos son del autor, hechas con un Nokia 6151.